TARJETA QUIÉRETE
Como mujer de fe, esto tiene un sentido aún más profundo que me toca el alma. Desde siempre nos han enseñado la belleza de amar al prójimo, pero a veces olvidamos la otra mitad del mensaje: "como a ti misma". He comprendido que tratarme con dulzura y perdonar mis propios fallos es, en el fondo, una forma de honrar a quien me creó. Cuidarnos no es un acto de egoísmo, es un acto de profunda gratitud. Es reconocer que nuestra vida es un regalo que debemos valorar y proteger, porque somos obra de Sus manos.
Por eso, sin dejar de dar todo el cariño que llevo dentro, hoy elijo quererme. Elijo ser amable conmigo misma para poder seguir siéndolo con el mundo.
Y a ti, que estás leyendo esto, que quizás hoy llevas el peso de mil responsabilidades a tus espaldas o que siempre pones a todos por delante de ti, te lo digo con todo el corazón: ¡Quiérete! Hazle un huequito a tu propio bienestar. Mírate con la misma ternura con la que miras a los tuyos, porque cuando tú estás bien, todo a tu alrededor empieza a brillar de otra manera.
Pero, a veces, en ese afán de darlo todo por quienes nos rodean, nos olvidamos de algo fundamental: para poder cuidar bien, primero tenemos que sostenernos a nosotras mismas. He aprendido que la primera persona que debe elegir quererme soy yo. Y no, no hablo de ese amor propio que a veces nos venden y que roza el individualismo o la vanidad, sino de un amor humilde, compasivo y necesario. No podemos dar de beber a los demás si nuestro propio vaso está vacío.
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